Extraido de: Los Ases de la Luftwaffe: Raymond F. Toliver, Trevor J. Costable; Ed. Javier Vergara S.A. impreso en 1980.
EL Club de los 300
Pilotar
un caza es la culminación de la carrera de todo piloto.


Erich
hartmann
Gerhard Barkhorn
Mayor
General Barry Goldwater, Reserva de la USAF.
A Hartmann se le atribuyen 352
victorias y su cosecha incluye siete Mustangs
pilotados por norteamericanos. Derribó cinco Mustangs en dos misiones sobre Rumania en un mismo día y abatió a
otros dos cazas norteamericanos en una misión en el sur de Checoslovaquia, poco
antes del término de la guerra. Sus otras 345 victorias fueron contra la Fuerza
Aérea Soviética.
Las 301 victorias de Barkhorn
fueron todas sobre aviones pilotados por rusos en el frente oriental. Voló en
el frente occidental durante la batalla de Inglaterra y también durante los
meses finales de la guerra, pero no pudo confirmar una sola victoria contra los
aliados occidentales.
Durante mucho tiempo, los dos
pilotos de caza más exitosos de todas las guerras volaron juntos con la JG52,
en Rusia. En 1944 Hartmann llegó a ser líder de escuadrilla en el II/JG-52,
que estaba al mando de Barkhorn. Cuando el segundo dejó la JG52, para
convertirse en Kommodore de la JG5,
Hartmann lo sucedió como Gruppenkommandeur
del II/JG-52. Ambos sobrevivieron a la guerra y han sido amigos durante un
cuarto de siglo. También se admiran mutuamente.
Hartmann y Barkhorn tienen
muchos paralelismos en sus carreras pero son personalidades contrastantes. Cada
uno tiene un enfoque distinto e individual de la vida, el deber y el mundo que
los rodea. Los dos miembros del "Club de los 300" son ejemplos de alta
calidad de hombría que fue elemento primario de la fuerza de caza de la
Luftwaffe.
Erich Hartmann, en su
apariencia física, es el prototipo del alemán como se lo concibe en Inglaterra
y Norteamérica. Tiene una espesa pelambre rubia y facciones rudamente hermosas,
con un marcado aspecto nórdico. Mide alrededor de 1,70 y es un hombre
musculoso, atlético, de unos 70 kilos, que se mueve con un vigor que desmiente
sus cincuenta y cuatros años, de los cuales pasó más de diez en prisiones
rusas después de la guerra.
Sus amigos y camaradas lo
llaman "Bubi", que en alemán significa "muchacho" o
"chico". Para el cadete juvenil, rubio y esbelto de los años 40, este
era un apodo natural y desde entonces ha quedado con él. Hoy parece por lo
menos diez años más joven que sus contemporáneos y ellos todavía siguen llamándolo
"Bubi". Pero cuando uno le estrecha la mano, es evidente que no lo
hace con un muchacho.
Sus ojos azules miran
directamente y es posible sentir la fuerza de un brazo nervudo, una fuerza que
usaba muy bien cuando pegaba su Me109 a
la cola de un avión ruso. Durante la guerra era bastante fuerte como para
exigir el máximo de su máquina y, como saben todos los pilotos experimentados
de aquel conflicto, la fuerza física era tan vital como una buena vista para
ser un piloto exitoso.
Es un hombre que no vacila,
sino que reflexiona y decide rápidamente y entonces se atiene firmemente a esa
decisión. Ya sea organizando una cena o expresando sus opiniones sobre la
actual Fuerza Aérea Alemana, Hartmann es directo, brusco, decidido y no
inclinado a transar. De pies a cabeza, en mente y corazón y por instinto y
entrenamiento, es un combatiente.
"Gerd" Barkhorn es
unos cinco centímetros más alto que Hartmann y pesa tal vez cinco o seis kilos
más. Si los pilotos de caza vinieran en medidas, Barkhorn sería la medida
inmediata más grande que el presidente del Club de los 300. Barkhorn es moreno
como Hartmann es rubio, y su tez olivácea forma un marco contrastante para un
par de penetrantes ojos de color azul acerado. Nacido en 1919, Barkhorn es tres
años mayor que "Bubi", pero como Hartmann, no aparenta la edad que
tiene ni muestra huellas de sus ordalías.
También Gerd Barkhorn es un
hombre amistoso, pero tiene una personalidad más reservada que Hartmann.
Entrenado en la Luftwaffe de antes de la guerra, Barkhorn lleva hasta hoy la
marca de fábrica de ese entrenamiento. Según la experiencia de los autores,
esos hombres exhiben un notable equilibrio en sus personalidades; Barkhorn es un
ejemplo típico.
Es bilingüe, se interesa en el
mundo fuera de Alemania y está familiarizado con él. Se entiende y lleva bien
con hombres y mujeres de cualquier nacionalidad y su conducta social y
profesional es ejemplar. Es más que modesto acerca de sus proezas como piloto
de caza, pero le gusta cooperar con los historiadores sinceros. Es un hombre de
familia, tranquilo y sólido, un caballero.
Hartmann es una personalidad
con los pies en la tierra que puede hablar todo el día de sus experiencias si
se lo entusiasma y se lo interroga adecuadamente. Pero habla de sí mismo casi cínicamente.
Discute a sus antiguos contemporáneos de la Luftwaffe con equidad y
desapasionadamente, como un profesional hablando de otros. Casi las únicas
veces que "Bubi" se enfervoriza es cuando habla de Gerd Barkhorn, y
entonces salen a la luz una admiración y entusiasmo sinceros. El presidente del
Club de los 300 es probablemente el más cálido admirador del vicepresidente.
Nacido en Stuttgart en 1922,
Erich Hartmann pasó parte de su infancia en China, donde su padre médico
ejerció su profesión en los años 20. Su madre, Elisabeth Machtoff, fue
pionera de la aviación en Alemania y la responsable del temprano contacto de su
hijo con los aviones. Frau Hartmann era originariamente aviadora deportiva,
pero, después de la llegada de Hitler, los clubes de planeadores fueron
alentados. Ella ayudó a establecer un club e planeadores en Weil, Schoenbuch,
cerca de Stuttgart, en 1936.
El joven Erich aprendió a
volar en planeadores en su adolescencia y en 1938 ya estaba plenamente
calificado como instructor de planeadores. Hoy, él dice que sus tempranos
contactos con el vuelo contribuyeron a desarrollar en él un sexto sentido para
el mal funcionamiento de los aviones:
-Si algo anda mal en un avión
que estoy piloteando, yo lo sé antes de que me lo digan los instrumentos o de
percibir otra señal física directa e irregularidades.
Esta situación lo salvo muchas
veces durante la guerra y le fue ventajosa cuando se desempeñó como experto de
evaluación táctica de la Fuerza Aérea Alemana.
Cuando era un escolar de quince
años, en 1937, el rubio Erich puso los ojos en una muchacha de trece, morena,
llamada Ursula Paetsch. El futuro as no era tan agresivo entonces como lo sería
después. Hasta dos años más tarde, en septiembre de 1939, no estuvo listo
para atacar.
Ursula y una amiga caminaban
por una calle hacia la escuela en Korital-Stuttgart cuando Erich se les acercó
en su bicicleta. El muchacho se apeó de un salto y se puso junto a las dos
muchachas. miro directamente a los ojos de Ursula y dijo tímidamente:
- ¡Erich Hartmann!
Este incidente inició una historia de amor que, si fuera presentada como ficción, sería rechazada por las editoriales y los estudios cinematográficos como producto de una imaginación anticuada.
"Usch",
como la llama Hartmann, se convirtió en su novia. Pero no se casaron hasta el
10 de noviembre de 1944, después que Erich hubo derribado su avión enemigo número
301. Los ases Gerd Barkhorn y Willi Batz fueron testigos de la ceremonia.
Durante sus períodos de separación, él pintaba un corazón sangrante en el
fuselaje de su Me 109 como símbolo de su dolor, pero vendría una separación
todavía peor.

En abril de 1945, después del
colapso del Reich, Hartmann se dirigió con su Gruppe
al oeste hacia una unidad avanzada de tanques del ejército 3 del general
Patton, fue hecho prisionero de guerra, pero por el acuerdo entre Roosevelt y
Stalin, poco después fue transferido por los norteamericanos a la custodia de
los rusos. Estuvo encarcelado en prisiones rusas diez años y medio, despojado
hasta los derechos más elementales.
Recibía de Alemania un correo
esporádico de ocasionales tarjetas postales y a veces una carta. Estas cartas
eran usadas frecuentemente en sutiles esfuerzos soviéticos para quebrantar su
voluntad. En 1948, cuando estaba prisionero, su hijo Peter Erich, de tres años,
murió en Alemania. Hartmann no se enteró de esa pérdida hasta 1950. Cuando
finalmente fue liberado en 1955, casi un tercio de su vida se le había ido en
ese confinamiento ilegal. Su hijo y su padre habían muerto. Pero su amada Usch
lo esperaba.
La fe que ella tenía en que él
sobreviviría y regresaría nunca la abandonó. Hoy él dice que lo sostuvo su
confianza en ella. Hombres alemanes decentes confinados en esas bestiales cárceles
rusas a menudo eran reducidos a ruinas humanas diciéndoles que sus esposas se
habían divorciado in absentia. A fines de la década del 40 y principios la del
50, con la guerra terminada hacía media década, o más, no había garantías
de que ningún alemán prisionero volvería a ver a su familia o su patria. Difícilmente
podría culparse a sus mujeres por tratar de empezar nuevas vidas, pero Usch
Hartmann dio un inspirados ejemplo de fe.
Pese al gran vacío producido
en sus vidas, Erich y Usch empezaron de nuevo. Su segundo retoño es hoy una
hermosa muchacha de 18 años llamada Ursula, como su madre, pero apodada
"pequeña Usch".
Hartmann es hoy coronel
retirado de la Fuerza Aérea Alemana. La ambición de su vida era ser médico,
como su padre, pero los largos años en prisión lo dejaron demasiado gastado
para comenzar un estudio tan exigente.
El amor entre Erich y Usch es
el fondo de su excitante carrera de combatiente y de la épica historia de su década
en cárceles rusas. La carrera de Hartmann no se trata en detalle en este libro
puesto que los autores han escrito su biografía oficial titulada "El
Caballero Rubio de Alemania". En Alemania, el título del libro es "Holt
Hartmann Von Himmel". Por el momento, bastará con el siguiente breve
bosquejo de su brillante desempeño en la guerra.
Hartmann fue el afortunado
destinatario de un entrenamiento completo de piloto de caza de la Luftwaffe, que
empezó el 15 de octubre de 1940, cuando se unió al regimiento 10 de
entrenamiento militar de la Luftwaffe, en Nuekuhrn, cerca de Könisberg, Prusia
Oriental. Los vuelos de entrenamiento no empezaron hasta marzo de 1941 en la
Academia Escuela del Aire de Berlín Gatow.
Entonces sus instructores
decidieron que él estaba mejor dotado para convertirse en piloto de caza.
Graduado casi un año más
tarde, corrió a Stuttgart para asegurarse que nadie se había enamorado de su
novia. Tranquilizado al comprobar que ella seguía siendo fiel, pidió a Usch
que lo esperara. Quizás las cosas se arreglarían pronto y las condiciones serían
más favorables para el matrimonio. La joven de pelo oscuro aceptó.
Fue enviado a al Escuela de
Caza Nº 2, en Zerbst, ahora en la zona oriental de Alemania. Cuando cumplió 20
años empezó a volar en Me 109. En
agosto de 1942 fue destinado a la JG 52, en Rusia. Esta ala operaba al oeste de
Mostock, en la parte norte del Cáucaso, al mando del temible Kommodore Dietirch Hrabak.
Hartmann quedó impresionado
con Hrabak, uno de los sobresalientes comandantes de ala de la Luftwaffe, quien
lo destinó a la escuadrilla 7. Siguió la familiarización con las condiciones
del frente y con la táctica práctica. Para esto Hartmann fue asignado al
teniente Edmund "Paule" Rossmann, reconocido como uno de los mejores Schwarmführers
del frente oriental. Rossmann se anotó noventa y tres victorias aéreas antes
de que un aterrizaje forzoso en suelo ruso lo convirtieran en prisionero de
guerra.
En su tercera misión con
Rossmann, Hartmann vio acción. Rossmann avisó por radio de la presencia de
algunos cazas enemigos y condujo su Rotte
en un picado desde 1.500 metros. Recordando es acción Hartmann dice:
"Yo no veía ningún avión
enemigo. Sin embargo, al nivelar a alta velocidad vi dos aviones de color verde
oscuro adelante y un poco más arriba que nosotros, a una distancia de 3.000
metros. Mi primer pensamiento fue: "Ahora debo conseguir mi primera
victoria". Aceleré al máximo, me adelanté a mi jefe y traté de ponerme
en posición de fuego".
"Me acerqué demasiado rápido
y abrí fuego a una distancia de 1.000 metros. Vi que todas mis municiones
pasaban encima o por la izquierda del blanco sin hacer un solo impacto. El
blanco aumentaba de tamaño tan rápidamente que tiré la palanca hacia atrás y
ascendí. Inmediatamente me vi rodeado por todos lados de aviones de color verde
oscuro que rápidamente se lanzaron en pos de mí. Empecé a sentirme bastante
mal. Había perdido a mi jefe. Subí a través de una capa de nubes y me quedé
solo".
"Entonces me llegó por la
radio la voz de Rossmann: No te apures. Te he visto. Ahora te he perdido. Baja
de la capa de las nubes para que puedas encontrarte".
"Bajé de la capa de nubes
y vi que un avión venía hacia mí desde unos 1.200 o 1.500 metros. Estaba
paralizado de miedo. Seguí descendiendo hacia el oeste, llamando a gritos a mi
jefe y diciéndole que un avión desconocido me seguía. Me respondió la voz de
Rossmann: Gira a la derecha para que pueda acercarme. Giré a la derecha pero el
aparato que me seguía se cruzó en mi trayectoria. Ahora de veras sentí pánico.
Bajé a toda potencia y me dirigí al oeste. Ya no podía entender las palabras
de Rossmann. Apretaba mi cabeza bajo la plancha blindada de la cabina, como un
avestruz, esperando y temiendo los impactos de los proyectiles enemigos en mi
avión".
"El avión seguía detrás
de mí y después de un momento oí nuevamente la voz de Rossmann que me decía
que el avión que me seguía se había alejado. Subí nuevamente para determinar
mi posición. Avisté el montes Elbrus a mi izquierda y volví a orientarme.
Entonces vi la luz roja de advertencia que se encendió en el tablero. Cinco
minutos de vuelo y el motor se detuvo. Se me había acabado el
combustible".
"Abajo había un enorme
campo de girasoles y un camino con camiones militares. El suelo se acercaba rápidamente.
Aterricé de barriga en medio de una monstruosa nube de polvo. Abrí la cabina y
saqué mi equipo personal. Unos soldados del ejército me llevaron de regreso a
la base de soldatskaya, a unos treinta kilómetros de allí".
"Esa noche hubo una
ruidosa, prolongada y muy incómoda lección a cargo del mayor Bonin, el Gruppenkommandeur, y después de Rossmann, sobre tácticas de Rotte.
Yo había cometido todos los pecados capitales de un piloto de caza bisoño, que
fueron enumerados con enfática precisión:
Me tuvieron en tierra tres días
y durante ese tiempo debí trabajar con la gente de mantenimiento. Me sentía
terriblemente mal".
Ese período de trabajo de
mantenimiento probablemente enriqueció sus conocimientos sobre apoyo mecánico.
Años más tarde, como Kommodore de la JG 711 en Ahlorn, en 1959 62, Hartmann
presidió el desarrollo y perfeccionamiento de un sobresaliente sistema de
mantenimiento. Sin embargo, el "Caballero Rubio" reconoce la
asistencia de "mi viejo amigo el coronel Toliver, del ala 20 de
bombarderos, en Wethersfield" en la organización del afamado servicio de
mantenimiento de la JG 71.
La carrera de combate del
piloto que se convertirá en el as más exitoso del mundo empezó, así, con una
nota negativa. Esta experiencia, además de humillante, resultó beneficiosa.
Cuando Hartmann volvió a volar, estaba decidido a no repetir sus errores.
Durante dos semanas y media
continuó volando como compañero de ala, esperando su oportunidad y
perfeccionando sus aptitudes para el combate aéreo. Su momento llegó el 5 de
noviembre de 1942. A mediodía, el Schwarm
de cuatro cazas en el que volaba como compañero de ala se trabó en combate con
diez caza lagg-3 y dieciocho cazas
bombarderos IL-2.
La fuerza rusa pretendía
atacar los caminos de retaguardia del Ejército Alemán. Al este del pueblo de
Digora los caza alemanes avistaron a los incursores. Hartmann relata la batalla:
-Nuestra posición estaba detrás
y arriba de nuestros enemigos. Dividimos el Schwarm
en dos elementos de dos aparatos (Rotten)
y atacamos en picado, disparando a través de los cazas y apuntando a los
bombarderos. Yo ataqué el avión del extremo izquierdo, acercándome a gran
velocidad y disparando desde unos quinientos metros. Vi numerosos impactos, pero
las balas y proyectiles rebotaron en el IL-2. El robusto blindaje de esos IL-2 resistía hasta los impactos de los proyectiles del cañón de
20 milímetros.
Empecé mi segundo ataque sobre
el mismo aparato con un picado y acercándome desde atrás y abajo. Esta vez
llegué todavía más cerca antes de abrir fuego. ¡Un impacto en el sistema de
refrigeración de aceite! Del IL-2
empezó a salir humo, seguido de lenguas de fuego que se alargaban rápidamente.
El fuego se extendió por la parte inferior del fuselaje. En ese momento me
encontraba solo, porque el avión al que estaba atacando había salido de
formación y trataba de escapar hacia el este.
Todavía me encontraba debajo
de él y ambos descendíamos en picado. Entonces se produjo una explosión bajo
su ala y simultáneamente hubo una fuerte explosión en mi propio avión. La
cabina llenóse de humo y vi el resplandor rojo del fuego bajo las puertas de
los motores. No quedaba mucho tiempo para la acción.
Rápidamente puse en práctica
lo aprendido. Altitud: baja cota, y todavía en el lado alemán de las líneas.
Rápido, reducir potencia, cerrar llave general de combustible y cerrar llave de
ignición en rápida sucesión. Aterricé de barriga en un campo, levantando una
enorme lluvia de tierra y polvo que extinguió rápidamente el fuego. Cuando salía
de mi cabina, mi primera víctima se estrelló estruendosamente tres kilómetros
más allá.
Dos minutos más tarde Hartmann
fue recogido por un vehículo del ejército y llevado nuevamente a su base. En
este encuentro se desempeñó mucho mejor como piloto pero, sin embargo, perdió
su propio avión al derribar al IL-2
dos días más tarde lo acometió una fiebre alta y debió pasar dos semanas en
el hospital.
No volvió a lograr otra
victoria hasta el 27 de enero de 1943,
Cuando derribó un caza MIG y regresó a salvo a su base. Para fines de abril de 1943 tenía
once victorias y había logrado su primera victoria múltiple: Dos Lgg-3
el 30 de abril de 1943. Había superado su fiebre inicial cometía cada vez
menos errores y desarrollaba silenciosamente sus propias técnicas de combate.
El 7 de julio de 1943 obtuvo
siete victorias en un día: cuatro LA-5
y tres IL-2. Los días en que lograba
una sola victoria se hacían cada vez más raros. Continuamente cumplía cuatro
misiones al día, y a veces más. La acción contra el enemigo se producía
pocos minutos después de despegar y había numerosos combates de quince minutos
para interceptar a los aviones soviéticos que se acercaba a la línea del
frente.
Durante los primeros meses de
su experiencia de combate Hartmann voló en compañía de algunos ases
sobresalientes, todos los cuales lo superaban en cantidad de victorias. El Gruppe III de la JG 52 a
comienzos de 1943, se hallaba bajo el mando del mayor Hubertus von Bonin,
veterano de la guerra civil española. Von Bonin obtuvo cuatro victorias en
aquel conflicto y cuando murió en acción, en diciembre de 1943, tenía setenta
y siete victorias confirmadas en ambas guerras.
Una figura descollante de la JG
52 era Günther Rall, que acumulaba victorias con numerosos éxitos múltiples.
El 29 de agosto de 1943, Rall derribó su avión enemigo número doscientos y se
convirtió en el tercer piloto de la Luftwaffe que alcanzaba esa cifra. En esa
época Hartmann tenía ochenta y ocho victorias.
Otra luminaria del mismo Gruppe era Walter Krupinski, con quien Hartmann había volado como
compañero de ala durante su período inicial. Hartmann totalizó sus primeras
diez victorias como compañero de ala de Krupinski y Rossmann. Krupinski manteníase
bien delante de Hartmann en el puntaje. La JG 52 era la unidad de Gerd Barkhorn,
quien el 30 de noviembre de 1943 llegó a las doscientas victorias como Gruppenkommandeur
del II/JG53.
Las victorias de Hartmann eran
continuas, en ocasiones brillantes, pero siempre regulares, una vez hubo
superado su fiebre de novato. Rall, Krupinski y Barkhorn fueron todos
transferidos más tarde al frente occidental, donde las misiones no eran tan
numerosas y las victorias tampoco eran más difíciles de obtener (*). Todos
estos hombres fueron heridos, lo cual los separó durante diferentes períodos
en la carrera por lograr puntos.
Joven, fuerte e incansable,
Hartmann voló alrededor de cuatrocientas misiones y entró en combate más de
ochocientas veces antes de la terminación de la guerra. Nunca fue herido. Fue
uno de los pilotos alemanes más "voladores. Sin embargo, sus victorias tenían
origen en algo más que la exposición reiterada al combate.
Su enfoque de la artillería
era diferente al de Rall, Marseille, Rudorffer y otros artistas de tiro de la
Luftwaffe. El mismo Hartmann niega absolutamente que haya sido un buen tirador a
larga distancia, cosa que él considerabas una forma arriesgada de atacar. Su
sistema consistía en acercarse lo más posible al otro avión antes de abrir
fuego, una vuelta a los métodos de von Richthofen, con cierta elaboración,
Hartmann lo explica de esta forma:
"Mi única táctica era
esperar hasta tener la oportunidad de atacar al enemigo y entonces acercarme a
gran velocidad. Abría fuego sólo cuando todo el parabrisas esta negro
con el enemigo. ¡Esperar! Esperaba hasta que el enemigo cubriera mi parabrisas.
Entonces no se perdía ni un solo disparo. Mientras más lejos esté el enemigo,
menores serán el impacto y la penetración de los proyectiles. Con la táctica
que he descripto el avión enemigo absorbe toda la fuerza de los disparos y no
importa el ángulo desde el que se hagan los disparos, o si uno está girando o
en cualquier otra maniobra. Cuándo todos los cañones de uno lo golpean así,
¡El enemigo se cae a tierra! Y uno ahorra municiones".
Hartmann acentúa lo importante
que es para un piloto aprender a acercarse sin temor a una colisión.
"Cuando uno empieza a
volar en combate y se encuentra a un centenar de metros del aparato enemigo,
empieza a ponerse nervioso porque está demasiado cerca. Eso es lo que se siente
al principio. Con la experiencia, uno aprende que cuando está a cien metros del
otro aparato, todavía está demasiado lejos. El piloto inexperto se aparta por
miedo a una colisión en el aire. El piloto experimentado acerca su máquina
mucho más... y cuando dispara, el otro aparato cae".
Hartmann está enterado de las
innumerables anécdotas sobre su forma de tirar que se cuentan donde quiera que
se reúnan pilotos de caza.
Las rechaza a todas y niega
haber sido poseedor de habilidades tan mágicas como se le han atribuido (**).
"Bubi" comprobó que
sus opiniones eran confirmadas nada menos que en los Estados Unidos. Durante su
entrenamiento de repaso en dicho país, se mostraron a los pilotos alemanes
visitantes películas de misiones de caza exitosas de aviones norteamericanos
tomadas con cámaras sincronizadas de los cañones. Hartmann comprobó que esas
películas de combate no solamente confirman victorias sino también su enfoque
sobre la mejor forma de disparar.
"Los grandes éxitos de la
Segunda Guerra Mundial, y también de Corea, eran cuando uno veía un gran avión
enemigo llenando la pantalla. Entonces uno ve cómo, al disparar, son arrancados
pedazos del otro avión y el aparato estalla. Todas las otras películas,
tomadas desde gran distancia, muestran solamente unos pocos impactos pero no se
puede ver caer el aparato enemigo. Pueden tenerse miras con computadoras o
cualquier cosa que se quiera, pero creo que es necesario tener al enemigo a la
menor distancia posible y dispararle a quemarropa. De cerca es seguro que se lo
derriba. A gran distancia, es cuestionable"
El coronel Francis S. Gabreski
(***), número uno entre los ases norteamericanos del teatro de operaciones
europeo, creía firmemente en la táctica de Hartmann. Logró veintiocho
victorias contra los alemanes y consideraba que la mira con computadora era un
estorbo.
El modo de operar del Caballero
Rubio no carecía de riesgos.
Por lo menos ocho de las dieciséis
veces en que se vio obligado a aterrizar, fue debido a que su avión chocó con
fragmentos del avión ruso al que había hecho estallar disparándole a
quemarropa. Pese a este peligro, salió de la guerra ileso. Su escape más crítico
a la muerte tuvo lugar cuando un soldado alemán de infantería le disparó y la
bala pasó por la pernera de su pantalón.
Obligado a descender detrás de
las líneas rusas el 20 de agosto de 1943, Hartmann fue capturado por tropas
soviéticas pero se fingió herido hasta que pudo huir. Ocultándose de día y
caminado solamente de noche, el joven as hizo lentamente su viaje de regreso al
frente. Al subir a una colina en la oscuridad, quedó petrificado cuando una
sombra negra se alzó ante él y gritó "¡Alto!" En alemán, al mismo
tiempo que dispara su fusil.
-Por Dios-gritó Hartmann-, no
mates a tu propia gente.
El centinela ya tenía un
segundo cartucho en la recámara.
-¡Alto!- repitió el soldado,
con voz quebrada por el nerviosismo.
-¡Maldición1-gritó Hartmann-
¡Soy un piloto alemán!
El centinela temblaba de miedo.
Apenas podía sostener el fusil en sus manos pero, por fortuna, no disparo otra
vez, o no hubiera habido ningún Caballero Rubio que pasara a la historia.
Hartmann se enorgullece de un
aspecto de su carrera de guerra. Considera un logro genuino haber completado sus
mil cuatrocientas misiones sin perder un solo compañero de ala. Se esmeraba en
la formación de los jóvenes pilotos que llegaban al frente directamente de las
escuelas, la mayoría con menos entrenamientos de los que tenía él cuando
cometió sus primeros y desastrosos errores.
La única baja entre las
docenas de compañeros de ala que fueron introducidos en el vuelo de combate por
Hartmann fue el mayor Kapito, un piloto de bombardero transferido a la JG 52
bien avanzada la guerra. No estaba acostumbrado todavía a la mayor
maniobrabilidad del Me 109, comparado
con los bombarderos que había pilotado anteriormente, cuando él y Erich se
vieron envueltos en un combate con Airacobras.
Hartmann lo relata así:
"Nos atacaba un elemento
ruso superior. Los dejé acercarse hasta que estuvieron a distancia de fuego y
llamé a Kapito para decirle que se mantuviera cerca de mí. Cuando ellos
dispararon, hice una brusca maniobra pero Kapito no pudo seguirme: él hizo un
giro normal de bombardero. Después
de un giro de 180 grados, él y los Airacobras
atacantes quedaron frente a mí. Lo llamé y le dije que hiciera un giro
completo a fin de poder yo encerrar al enemigo, pero recibió un impacto en su
giro típico de bombardero. Le ordené
que se lanzara en paracaídas, cosa que hizo. Me ubiqué detrás del Airacobra
y lo derribé con una ráfaga corta. El avión soviético estalló en llamas y
se estrelló con una tremenda explosión aproximadamente a un kilómetro del
punto donde había descendido Kapito. Volé de regreso a ala base, tomé un
automóvil y lo recogí ileso. Esta fue la única ocasión en todos mis vuelos
operacionales en que perdí a mi compañero de ala, pero afortunadamente él
salió ileso y hoy vive en Alemania".
Según Hartmann, el peor pecado
de un piloto de combate es ganar una victoria y perder un compañero de ala:
"Era mi opinión que
ninguna victoria valía la vida de un compañero de ala, muchos de los cuales
eran muchachos jóvenes e inexpertos. A los pilotos de mi unidad que perdían
compañeros de ala en esa forma se les prohibía dirigir un Rotte
(****). En cambio, se los hacía volar como compañero de ala".
Hartmann encontróse
personalmente con Hitler tres veces durante la guerra, en ocasión de las
entregas de las Hojas de Roble, las Espadas y los Diamantes. El joven as se daba
cuenta de los dramáticos cambios en la actitud y los modales de Hitler a medida
que la guerra se prolongaba. En la primera ocasión, vio al Führer en la
residencia de éste en Salzburgo.
"Hitler estaba al tanto de
todos los detalles acerca de la Luftwaffe. Nos dijo que creyéramos en que ganaríamos
la guerra. Me entregó la condecoración y preguntó sobre mi vida familiar y si
había algo de naturaleza personal que yo deseara. En nuestros encuentros
posteriores, las cosas fueron diferentes".
Hartmann recibió las Espadas y
los Diamantes en el cuartel general de Hitler en Prusia Oriental. Cuando recibió
los diamantes, fue poco después del intento de asesinato del 20 de julio de
1944:
"El Cuartel general estaba
dividido en tres áreas. A nadie se le permitía ingresar en la tercera zona sin
un minucioso registro corporal realizado por un oficial de la guardia de Hitler.
Dije al oficial de guardia que dijera a Hitler que yo no quería los diamantes
si él no tenía fe en sus oficiales de primera línea.
Después de esto, el edecán de
la Luftwaffe de Hitler, coronel von Below, me dijo que podía pasar a la tercera
zona sin que me registraran y pude llevar conmigo mi pistola. Durante mi
conversación con Hitler, mi pistola quedó colgada fuera de la sala de
conferencias. Si hubiera querido, habría podido llevarla conmigo en el
bolsillo".
La valentía de Hartmann y su
enfoque directo de los problemas quedan ilustrados en este incidente. La actitud
del Caballero Rubio fue simple: que Hitler se quede con sus Diamantes si no confía
en mí. Hartmann no es un hombre de guardarse esos pensamientos punzantes. Los
saca a la luz del día y no teme expresarlos en voz alta. Durante la guerra
escribió a Göring una carta furiosa sobre la masacre de pilotos jóvenes e
inexpertos enviados a volar con malas condiciones meteorológicas por orden
expresa de Göring.
Fue así que, cuando a todos
los jóvenes se les prohibía llevar pistola en presencia de Hitler, el joven as
entró portando su arma en la forma acostumbrada. Se la quitó mientras tomaban
café en la primera sala de conferencias, después volvió a colocársela cuando
él y Hitler pasaron a un edificio contiguo para almorzar. Hartmann tiene un
comentario que hacer sobre el tan publicado y glorificado intento del conde von
Stauffenberg de matar a Hitler con una bomba: "Antes del complot de julio,
todo el mundo podía llevar sus armas normales que eran parte del uniforme. En
esa época, a Stauffenberg le habría sido fácil matar a Hitler personal y
directamente en su habitación. Nadie se fijaba en lo que uno llevaba en los
bolsillos en aquellos días".
Cuando Hartmann recibió sus
Diamantes de Hitler, el Führer ya no pensaba en la victoria. Dijo al joven
piloto que la guerra estaba perdida en el sentido militar. El dictador pensaba
que las diferencias entre Norteamérica y Gran Bretaña por un lado y la Unión
Soviética por el otro eran completamente irreconciliables. Hitler esperaba un
acercamiento entre Alemania y Occidente, a fin de que todos pudieran volverse
contra el Oso ruso.
Estos sueños no se realizaron
y cuando la JG 52 empezó a retirarse paso a paso del territorio soviético,
Hartmann y sus hombres supieron que el mayor peligro estaba en ser tomados
prisioneros pro el Ejército rojo. Hartmann, ya con el grado de mayor,
convertido en el as más exitoso de la guerra y en Gruppenkommandeur
del I/JG52, vio que se desvanecían todas las esperanzas de seguir resistiendo.
Sólo quedaba un puñado de aviones en condiciones de volar.
El 8 de mayo de 1945 Hartmann
voló en su última misión de combate y logró una victoria. Supo que era el
final. El aeródromo estaba bajo el fuego de la artillería rusa. Llegaron
informes de que se había avistado una unidad acorazada norteamericana a unos
treinta kilómetros al noroeste. Los norteamericanos avanzaban hacia la base.
Hartmann ordenó quemar los
aviones que quedaban, junto con toda la munición. Todo el Gruppe
marcharía al encuentro de los norteamericanos que avanzaban. Debido al gran
número de mujeres y niños que iban con la unidad – esposas y familiares del
personal del grupo que habían escapado de los rusos que avanzaban – Hartmann
renunció a la posibilidad de volar hacia territorio norteamericano. Dos horas
después caminaba por los campos, guiando a su unidad y a sus familias hacia lo
que él creía que era la seguridad. A sus espaldas, nubes de humo y las
detonaciones de la munición que explotaba señalaban el final de una de las
unidades de caza más exitosas de la guerra.
La división de Infantería 90
de los Estados Unidos aceptó la rendición de Hartmann y su unidad en el pueblo
de Pisek, Checoslovaquia. A las 13 del 8 de mayo de 1945, la guerra terminó
para Erich Hartmann. Sus problemas apenas comenzaban.
En esa época, la cordura
estaba ausente del mundo. La historia calificará de barbarie demente las
transacciones a alto nivel, según las cuales soldados alemanes y sus familias,
en poder de los ingleses o norteamericanos, fueron entregados a la custodia soviética.
Los rusos querían descargar sus odios sobre esas personas ahora indefensas. Sus
masas de soldados embrutecidos que se volcaban sobre la campiña alemana eran
incitadas por Ilya Ehrenburg, el "Göbbels", a que tomaran
"tomaran las rubias mujeres alemanas, quienes les harán olvidar las
penurias de la lucha".
En la mañana del 16 de mayo de
1945, Hartmann fue informado de que toda su unidad, mujeres y niños incluidos,
tendrían que ser entregados a los rusos. Los despacharon en camiones del Ejército
Rojo. A los soldados de Hartmann los despojaron de todo lo que pudiera ser de
utilidad o de algún valor: ropas, comida, mapas, todo les fue quitado.
Los rusos separaron a las
mujeres y las niñas de los varones. Entonces, junto al camino y en los campos
cercanos, los rusos obedecieron en forma terrible a las exhortaciones del
propagandista Ehrenburg. Las mujeres, las jovencitas adolescentes y hasta las niñas
fueron despojadas de sus ropas y violadas mientras los alemanes contemplaban la
escena angustiados. Una fuerza de treinta tanques rodeó el área de los
prisioneros de guerra durante esos procedimientos. El infierno soportado por los
hombres alemanes mientras sus esposas, novias e hijas eran violadas a la luz del
día desafía toda descripción.
Muchas mujeres fueron llevadas
en vehículos del Ejército Rojo y nunca más se las volvió a ver. El resto fue
"devuelto" a sus horrorizados esposos y padres. Familias enteras se
suicidaron durante la noche porque los soldados rusos venían una y otra vez al
recinto de prisioneros. Al día siguiente llegó un oficial de alto rango del Ejército
Rojo y prohibió inmediatamente la continuación de los excesos. Pero Hartmann
dice que ese primer día de su cautiverio ruso es "el peor recuerdo de mi
vida".
Más de diez años debió
librar una batalla constante de voluntad e ingenio con sus carceleros soviéticos.
Hizo huelgas de hambre y lo hicieron comer a la fuerza para mantenerlos con
vida. Frecuentemente lo encerraban en confinamiento solitario en total
oscuridad. Cuando lo obligaron a trabajar en cuadrillas de construcción,
Hartmann provocaba continuamente a los guardias e instigaba al sabotaje a los
compañeros de cautiverio.
Cuando el canciller Adenauer
fue a Moscú en 1955 para iniciar un acercamiento general con la Unión Soviética,
una de las concesiones que buscaba era la liberación de los alemanes
prisioneros de guerra. Adenauer tuvo éxito. Empezó la liberación de los
hombres que habían estado encarcelados ilegalmente más de una década. La Unión
Soviética había burlado las disposiciones de la Convención de Ginebra sobre
prisioneros de Guerra reclasificando a millares de alemanes como criminales
comunes y sentenciándolos a penas de 25 a 50 años de prisión. En esta categoría
estaban los hombres y mujeres cuya libertad fue obtenida por Adenauer. Sin
embargo, debemos preguntarnos cuantos millares de prisioneros de guerra alemanes
siguen languideciendo en el sistema carcelario soviético.
Cuando el Caballero Rubio
regresó a Alemania Occidental, su amada Usch estaba aguardándolo. Hubo un período
de adaptación a la vida libre, que incluyó la recuperación de su fortaleza física.
La sorprendente capacidad de recuperación de Hartmann hizo milagros. Dos
semanas después de llegar a su hogar, el entusiasta Walter Krupinski lo llamó
por teléfono instándolo a viajar con él y con Gerd Barkhorn a Inglaterra para
hacer un curso de entrenamiento de vuelo en aviones a reacción. Como dice
secamente Hartmann, "esto era casi demasiado pedir después de diez años
en la prisión".
Sus antiguos camaradas, entre
ellos Hrabak, lo exhortaron a que volviera a la nueva Luftwaffe. Era demasiado
viejo para iniciar una nueva carrera de modo que finalmente aceptó. Recibió un
curso de repaso de entrenamiento en los Estados Unidos y fue elegido para
comandar el Ala Richthofen en la nueva Fuerza Aérea Alemana, primera ala de
caza que se organizó después de la guerra. Cumplió sus funciones con dedicación
y distinción y después fue transferido a Porz Wahn, como experto en evaluación
táctica. Se retiró de la Fuerza Aérea Alemana en 1973.
Al contrario de lo que podría
esperarse. Erich Hartmann no es un hombre que odie a Rusia. Tiene hacia el
pueblo ruso sentimientos más amables y auténticamente amistosos de los que jamás
se encontrarán expresados en un periódico Norteamericano. Recuerda muy bien
que en una ocasión, gente de pueblo ruso se agolpó alrededor del recinto de
prisioneros para insultar a los guardianes soviéticos por tener confinados a
los alemanes y para pedir que los devolvieran a sus hogares.
Los contactos de Hartmann con
esos civiles rusos y con los numerosos aldeanos que conoció durante los días
de la ocupación, y no sus amargas batallas con la policía secreta rusa, forman
la base de sus opiniones sobre el pueblo soviético. Desde un punto de vista práctico,
sabe más de la psicología rusa que numerosos teóricos académicos
especializados en el tema. Habla inglés, ruso y alemán y por lo tanto es capaz
de penetrar las barreras idiomáticas entre su propio país, Occidente, y Rusia.
Hoy se describe a sí mismo
como "ya no un tigre, pero tampoco un gato viejo". Rodeado de su feliz
y pequeña familia, lleva una vida activa como director de una escuela de
entrenamiento de pilotos y examinador de vuelo. Reserva sus momentos exuberantes
para ocasiones especiales, como la promoción a brigadier general, en 1966 de Günther
Rall, su viejo amigo y oficial comandante durante la guerra, o la promoción de
Macky Steinhoff a inspector de la Fuerza Aérea Alemana.
Pocas personas en la Alemania
de hoy conocen su nombre. Raramente es conocido en público por alguien que no
haya pertenecido a la vieja Luftwaffe. En presencia de los autores, una vez fue
víctima de la grosería de un arrogante jefe de camareros en un restaurante de
Colonia. El hombre no tenía ni la más remota idea de que insultaba a uno de
los veintiocho soldados más condecorados de su país o de que se había
mostrado grosero con uno de los ases de caza más exitosos del mundo. Es que
Hartmann no parece tener edad suficiente para relacionarlo con acontecimientos
tan lejanos.
Erich Hartmann era un
estudiante de dieciséis años en marzo de 1938 cuando Gerd Barkhorn iniciaba su
entrenamiento de vuelo que culminó con el Me
109 en octubre de 1939. Barkhorn voló en la Batalla de Inglaterra con la JG
2 Richthofen, pero durante ese período
no tuvo mucho éxito. Pasó un largo tiempo en operaciones antes de confirmar su
primera victoria.
Oblt. Wilhelm Batz (a la derecha,
237 victorias) en conversación con Hptm Barkhorn y el Tte. Heinrich Sturm (157
victorias) en frente del Bf 109G-6 de la 5.JG 52 de Batz, otoño de 1943
En agosto de 1940 Barkhorn
inició su relación con el II/JG 52, que duraría hasta enero de 1945. En la
Batalla de Inglaterra voló en esa unidad con Marseille. Tenía 120 misiones en
su haber el 2 de julio de 1941 cuando logró su primera victoria en el frente
oriental y desde entonces fue obteniéndolas con regularidades hasta llegar a la
número 300 el 5 de enero de 1945.
Gerd Barkhorn nunca figuró
entre los que obtenían numerosas victorias en una sola misión en el frente
Oriental. Su mejor misión la realizó el 20 de julio de 1942, cuando logró
cuatro victorias, cifra modesta para el frente ruso. Siete victorias en un día
fue su mejor cosecha y las obtuvo en varias misiones. Su día más agitado fue
cuando hizo ocho misiones desde aeródromos improvisados, en Rusia. En todas
esas ocho misiones se trabó combate.
Tenía una fe inconmovible en
el Me 109, que prefería al FW
190, y en el que sentíase mas feliz que en el jet Me 262. En su opinión, el Me
109F fue la mejor de todas las variantes producidas pero insiste en la
naturaleza personal de esas preferencias.
"El Me
109F podía trepar y girar como el demonio. Era más ligero que otros Me 109
y resultaba especialmente bueno cuando estaba equipado con los cañones Mk 151
de 15 milímetros. Me parecía que ese avión podía hacer cualquier cosa".
En 1.104 misiones de combate y
por lo menos 1.800 salidas, Barkhorn enfrentó y venció a todos los tipos de
cazas usados por los rusos, incluidos Spitfire
y Hurricane de fabricación británica,
y Airacobras norteamericanos. Según
la experiencia de Barkhorn, el Yak-9
era el mejor avión ruso, pero insiste en la importancia de la calidad
individual del piloto en sus batallas en los términos siguientes:
"Algunos pilotos rusos
volaban sin mirar a los costados o hacia atrás. De esa forma derribé a muchos
que ni siquiera sabían que yo estaba detrás de ellos. Muchos eran buenos como
otros pilotos europeos, pero la mayoría carecía de flexibilidad en sus
respuestas en combate aéreo".
"Una vez tuve una batalla
de cuarenta minutos con un excelente piloto ruso. Fue en 1943. No podía
derribarlo. Estaba empapado de sudor, como si acabara de salir de la ducha, y me
pregunté si él se encontraría en las mismas condiciones. El ruso piloteaba
una Lagg-3 y los dos hicimos todas las maniobras acrobáticas que conocíamos,
además de inventar otras nuevas. No podía ponerlo al alcance de mis cañones y
él no podía hacer lo mismo conmigo. Pertenecía a uno de los Regimientos de
Guardias, donde los rusos concentraban a sus mejores pilotos, y su avión tenía
toda la nariz pintada de rojo. Conocíamos los nombres de algunos ases rusos,
los Stalinfalken (halcones de Stalin), pero no tengo idea de quién pudo
ser aquel piloto que me obligó a retirarme".
Las sorprendentes 301 victorias
de Barkhorn no fueron obtenidas con facilidad o sin pagar un precio. Fue
derribado nueve veces, una vez se lanzó en paracaídas y dos veces resultó
herido. Siendo un hombre que despegó más de mil cien veces en busca del
enemigo, admite que tuvo mucha suerte al sobrevivir a la guerra.

Barkhorn en la
celecbración de su victoria nº 250
En una ocasión, en mayo de
1944, Gerd voló como escolta del temible piloto de Stuka
Hans Ulrich Ruedel (*****) y como resultado pasó cuatro meses en el hospital.
El ataque de Stukas se desarrolló
sin problemas y Barkhorn regresaba a al base. Eran las 18 y su sexta salida en
un día que había comenzado a las 2 de la mañana.
"Recibí el mensaje de que
había cazas rusos en las cercanías, pero estaba muy cansado y un poco
negligente. No miré atrás. Para entonces tenía 273 victorias y recuerdo que
iba pensando en llegar a las 275 y más tarde, quizás, a las 300.
Desafortunadamente, la siguiente victoria fui yo.
Un caza ruso lo atacó desde
atrás, lo derribó y lo puso fuera de circulación durante cuatro meses. Si no
hubiera sido por esta desgracia, Barkhorn habría podido muy bien consagrarse el
máximo as de la guerra. En esa época Hartmann le iba a la zaga, con alrededor
de doscientas victorias. En los cuatro meses entre la desgracia de Barkhorn y su
regreso a operaciones, "Bubi" saltó al primer puesto y desde ese
momento no lo perdió.
Historias apócrifas sobre
diversos ases de todas las nacionalidades pintan al héroe cediendo numerosas
victorias a sus compañeros de escuadrilla. Una investigación objetiva de esos
casos lleva casi invariablemente a la comprobación de que el as en cuestión
buscaba todas las victorias que podía obtener para él, sin renunciar a
ninguna, y con justa razón. Entre las excepciones está Gerd Barkhorn.
Antes de arrojar la moneda o
discutir sobre una victoria que podía pertenecer a él o a otro piloto,
Barkhorn siempre atribuía la victoria al otro. Si derribaba un avión enemigo y
no había testigos, su sonriente reacción era: "Dejemos este a los
pobres". El respeto universal de que goza Gerd Barkhorn entre todos sus
contemporáneos es una indicación de su carácter y sus cualidades personales,
aparte de sus hazañas como aviador.
![]() |
Barkhorn en
su Fw-190 D-9 en 1945
El teniente general Johannes
"Macky" Steinhoff dice de él: "Gerd Barkhorn es mi favorito
entre todos los pilotos de caza de la Segunda Guerra Mundial. Era el mejor, o
uno de los mejores, y digno de la mayor confianza. Cuando reclamaba una
victoria, nadie abrigaba la menor duda de que tenía razón. Nunca supe que una
victoria reclamada por Barkhorn no haya sido confirmada".
Otros confirman la opinión que
Steinhoff tiene de Barkhorn. Es concebible que hubiera podido obtener muchas
victorias más si no lo hubiesen transferido a la JG 6 en el Oeste y después a
la JV- 44 de Galland para pilotar el jet Me
262. Sólo voló en dos misiones después del entrenamiento de vuelo en jets,
sin lograr ninguna victoria.
En la segunda misión estaba
atacando una formación de bombarderos cuando falló su turbina derecha. Se
separó del combate y empezó el regreso a la base. Los Mustangs
de la formación de escolta se abalanzaron sobre él. El Me 262 tenía una ventaja de alrededor de 160 Km por hora cuando
funcionaban sus dos motores, pero con un solo motor resultaba un poco más lento
que el avión norteamericano. Además, un Me
262 con ese desperfecto no era lo suficientemente maniobrable para eludir al
Mustang.
Estos hechos cruciales pasaban
rápidamente por la mente de Barkhorn mientras veía que los mustang se disponían
a atacarlo. Picó hacia un pequeño claro y se preparó para un aterrizaje
violento. Abrió al techo de su cabina a fin de saltar rápidamente del jet
condenado. Al tocar tierra en el claro, el jet empezó a saltar violentamente
sobre la superficie despareja. Este movimiento combinado con la brusca aceleración,
arrojó a Barkhorn fuera de su asiento y proyectó la cubierta de la cabina
contra su cuello. En el hospital se reunió con otros miembros de la JV- 44.
Para el mayor Gerd Barkhorn, la guerra había terminado.
Casado en 1943, tiene tres
hijas. Ingresó a la nueva Fuerza Aérea Alemana en 1955 y recibió
entrenamiento de refresco en Gran Bretaña, con la RAF, en Gales. Se retiró
después de llegar a mayor general y dirigir una de las fuerzas aéreas táctica
alemanas.
Su mayor admirador es
posiblemente Erich Hartmann, el único hombre que derribó mas aviones que él
en combate. A Hartmann le gusta relatar una historia sobre Barkhorn que ilustra,
por experiencia directa, la firma en que Gerd es capaz de inspirar lealtad y
afecto en sus hombres.
Hartmann iba volando con
Barkhorn en el frente oriental y el segundo se acercó a un caza ruso. Su fuego
a quemarropa hizo que el avión enemigo quedara inmediatamente envuelto en
llamas en su parte inferior. Viendo que el avión ruso estaba condenado,
Barkhorn voló hasta ponerse a la par del aparato enemigo, abrió el techo de
cabina y con gestos indicó al ruso que se lanzara en paracaídas. El ruso
entendió enseguida y su paracaídas lo llevó ileso a tierra.
De regreso, Hartmann pregunto a
Barkhorn por qué no había hecho pedazos al caza ruso aunque matara al piloto.
La respuesta de Barkhorn fue algo que Hartmann no olvidará jamás:
-Bubi, debes recordar que un día
ese piloto ruso fue hijito de una hermosa muchacha rusa. El tiene derecho a
vivir y amar como nosotros.
El "Caballero rubio"
dice de su antiguo oficial comandante:
"Gerd Barkhorn podía
alegrarse de veras si otro tenía éxito. Pocos hombres son así. Cuando yo lo
superé me felicito de todo corazón. Era un hombre y un jefe que hubiera podido
llevar a sus hombres al infierno. Todos habrían estado orgullosos de dejarse
matar por su jefe. Era el comandante de caza con quien sueña todo piloto de
caza: Líder, amigo, camarada, padre. El mejor que he conocido".
"Es demasiado honrado para
la Fuerza Aérea de hoy, pero es uno de los pocos comandantes cuyos hombres,
diez y hasta veinte años después, siguen hablando de él con respeto y afecto.
Gerd Barkhorn es un hombre inolvidable".
Tal es la naturaleza del Club
de los 300, cuyos dos miembros se ganaron limpiamente sus puestos entre los
inmortales del aire.

Hartmann sobrevolando un campo a baja altura, Bf-109 G-6
(*)
Rall y Krupinski fueron transferidos a la defensa del Reich en el oeste el 18 de
abril de 1944. Willi Batz reemplazó a Rall como oficial comandante del Gruppe
III y Hartmann reemplazó a Krupinski como oficial de operaciones de Gruppe.
(**)
Se dice que Hartmann tenía en la JG 52 el mejor jefe encargado del
mantenimiento de su avión, el sargento Heinrich "Bimmel" Mertens,
quien hoy vive en Kepellen/Erft, Alemania. Hartmann rinde tributo a Bimmel al
admitir sin vacilar que él era el verdadero secreto de su éxito. Además,
cuando Hartmann fue derribado y capturado por los rusos, Bimmel pasó cuatro días
con sus noches detrás de las líneas rusas buscándolo. Mertens dice: "¡El
momento más feliz de la guerra para mí fue cuando regresé a nuestra base
después de esos cuatro días y Erich estaba allí para recibirme!".
(***)
Gabreski comparte los máximos honores con Roberts S Jhonson, as de la USAAF que
también obtuvo 28 victorias en la Segunda Guerra Mundial.
(****)
1 Rotte consistía de un vuelo de 2 aviones; 2 Rotten hacía un Schwarm (4
aviones); 3 Schwarms hacían un Staffel (12 aviones); 3 Staffeln hacían un
Gruppe (36 aviones); 3 Gruppen (o más en algunos casos) formaban una Geschwader,
o Ala.
(*****) Ruedel obtuvo veinte victorias aire a aire (nueve cazas rusos y once bombarderos en picado Il-2) en sus más de dos mil quinientas misiones de combate. Dice Ruedel: "El jefe de escuadrilla Barkhorn conocía su trabajo de la a A la Z".
ALA HISPANIA